Con ocasión de un post de Jorge Hernández del 13 de Octubre titulado "A propósito de la raza"
http://www.atinachile.cl/content/view/80404/A_proposito_de_la_raza.html
Todas las civilizaciones han tenido su origen en una pequeña agrupación de hombres unidos por comunes intereses entre los cuales la protección mutua ante la amenaza externa ha sido vital, sobre todo en sus inicios.
Este proceso de transformación no se inició para todos los asentamientos humanos al mismo tiempo ni se desarrolló para todos con la misma rapidez. “Quien crea que todas las frutas maduran al mismo tiempo, no tiene idea de las uvas”, (Séneca).
A América le toco en suerte ser “descubierta” cuando el desarrollo de las culturas Azteca, Maya e Inca estaba en su temprana infancia, interrúmpese así en forma brutal su crecimiento.
El “descubridor”, mas que venir a enriquecer y acelerar el proceso evolutivo del nuevo continente, cercenó sus expectativas de crecimiento, transformó hombres libres en sirvientes o esclavos, robó cuanto estuvo a su alcance transformar en pesetas, se apropió de cuantas tierras fértiles pudo manejar, y por sobre todo terminó con la alegría y esperanzas todo pueblo originario puesto en su camino.
El conquistador español no usó la guerra como la herramienta fundamental para sus propósitos; la historia enseña, y ellos vinieron a evangelizar, a sacar a estos indígenas impíos de la oscuridad en que los mantenía la ignorancia, a salvar estas almas condenadas al infierno… de las garras del demonio.
Es así como somos un puñado de pueblos sin identidad propia, hijos de patrones europeos y sirvientes indígenas; con una religiosidad que alterna la imagenería y/o el fetichismo con un catolicismo adquirido más por la doctrina que por la fe; pobres o de limitados recursos…pero ávidos de acceder a un estándar de vida mas elevado en el que el “american life style” es un parámetro inculcado a través de decenios por el cine y
Sin embargo, quiéranlo o no, somos poseedores de aquello que da ventajas de sobrevida al quiltro sobre el perro de fina raza : unos genes enriquecidos a través del tiempo. Llegará un momento en que esta mezcla que habita nuestro torrente sanguíneo romperá las cadenas que le impone su intelecto domesticado por siglos, y explotará ante nuestras propias narices convirtiéndonos finalmente en Guanahanies.
Curioso es como, con denodado afán, hay quienes reniegan de esta sangre mestiza que corre por nuestras venas. Es frecuente ver a personas de baja talla, tez obscura, pronunciados pómulos y ensortijado pelo negro, arrogarse una ascendencia sajona, germana, o romana, ya sea en forma abierta y explícita… o tácitamente por descarte al hacerse eco y vocero de los mas enconados detractores de la que llaman peyorativamente “esta mala raza de negros, indios y mestizos”.
Y todo ello a pesar de que la naturaleza, ayudada eficazmente por el incontenible apetito sexual de conquistadores, colonos, aventureros y desterrados que llegaron a estas tierras, hizo ya lo suyo para desparramar por doquier evidencias de que la pureza en la descendencia de cualquiera de las razas llamadas “superiores”, debería en esencia haber ya desaparecido enredada en la mas impura orgía celular con las razas indígenas, o haberse degenerado a un estado bastante crítico debido a la nula capacidad de renovación genética si ello hubiese sido posible.
Baste decir que los 8 siglos de dominación árabe en España deben haber hecho ya lo suyo antes de que Rodrigo de Triana avistara tierra. No es necesario saber mucho de historia, antropología u otra ciencia cuya sola mención sea capaz de enmudecer al interlocutor neófito para entender esto, basta tan solo un poco de… sentido común.
Tom


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